Un deseo en los corralones de la Trinidad y el Perchel

Fue emocionante adentrarse en esas infinitas ciudades que hay dentro de una misma ciudad, múltiples realidades que coexisten, mundos escondidos, a veces incluso desconocidos que cohabitan con nosotros.  Nos acercamos a la visita con la curiosidad de quién entra en un espacio conventual descubriendo una realidad imaginaria, en contraste con la naturalidad con la que los vecinos de Trinidad y Perchel nos abrieron las puertas de sus corralas y nos acogieron mostrándonos parte de su  vida cotidiana aderezada de navidad.

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Agradecemos al Área de Derechos Sociales invitarnos el pasado jueves 18 de diciembre a participar como Jurado en este paseo nocturno por las calles y corralones de la Trinidad y Perchel para ver la muestra de nacimientos y ornamentación navideña. Todo un privilegio transitar entre lo público, descubriendo en cada parada esos patios, universos íntimos preparados con mimo, mostrados y compartidos amablemente por sus vecinos, degustados con una copita de vino dulce. En buena compañía y acompañados de la música de la pastoral y la espontaneidad de los propios vecinos, esa noche de invierno tuvo otro calor.

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A veces redecorar los espacios comunes pueden ser una excusa para redecorar la vida y abrirse a los demás. Estos momentos de ocio y festividad hacen comunidad y hacen ciudad, suponen una oportunidad para motivar la transferencia de cultura y costumbres entre todas las generaciones y redescubrir el valor de lo cotidiano. Permiten conocer la diversidad, reencontrarse con el entorno y acercarse a las personas. Fomentan la cohesión social y  el sentido de identidad de las personas con su barrio.

La vida se construye en el día, día, pero también se articula por estos momentos que hacen que pongamos atención y reconozcamos el valor de lo que tenemos.

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