Si yo fuese niño otra vez…

¿Por qué colocamos un muro para cerrar el perímetro del área de los columpios? Y luego sobre ese perímetro, otro perímetro, una valla. (Calle Francisco Padilla esquina calle Realenga de San Luis)

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O, ¿por qué colocamos una valla para cerrar este área infantil si se encuentra ubicada dentro de un plaza peatonal? (Como en el caso de la Plaza Camas)

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Podríamos meter los niños en una jaula, ¿no?

Si lo que se pretende es alcanzar la seguridad total, a lo mejor la jaula es lo más seguro. Y ya una vez dentro, les dejamos unos columpios para que se diviertan.

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Las vallas en algunos casos pueden ser útiles, de cara a garantizar la seguridad para lugares en que es difícil llegar a otra solución. Pero sin abusar.

Los niños requieren de nuestra atención y merecen espacios mejor pensados y diseñados. Tenemos el ejemplo de la plaza Poeta Alfonso Canales en la que la zona infantil queda integrada en el diseño de la plaza siendo un lugar apetecible para niños y mayores.

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Una ciudad para todos, debería garantizar un diseño para todos, pequeños, medianos, mayores, discapacitados y no discapacitados. Y un buen diseño debe ser intuitivo y seguro en sí mismo. Un diseño bien estudiado tiene la capacidad de resolver estas situaciones urbanas con creatividad, imaginación y solvencia técnica. Recordemos el proyecto Sociopolis que planteaba Vicente Guallart en el que se integraba la arquitectura con un espacio público accesible y de calidad que incluía en su diseño espacios deportivos, de niños y mayores. Espacios plurales para una sociedad plural.

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¿Qué nos está pasando con los espacios de juego para niños?

Estamos olvidando las posibilidades creativas que tenemos para resolverlos, cediendo a la receta fácil de algunas firmas comerciales de columpios que ofrecen una respuesta rápida (en cumplimiento de normativas), pero que aunque en algunos casos o para algunos rincones puede ser de utilidad, no siempre es la mejor. También hay que recordar el papel de las normativas que aunque necesarias, están fomentando este tipo de soluciones y dando lugar a espacios urbanos repetitivos, monótonos y aburridos.

Un columpio colocado con sentido puede llegar a ser una receta urbana no sólo para niños, también para mayores deseosos de liberar energía y participar de la ciudad de una forma diferente y divertida. En la Promenade des Artists del Quartier des Spectacles de Montreal la pareja de artistas Mouna Andraos and Melissa Mongiat plantean una idea preciosa consistente en un instrumento gigante colectivo compuesto por nada menos que 21 columpios musicales.

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Y puestos a meter a los más pequeños en una jaula, si yo fuese niño otra vez, a mí me gustaría una jaula como esta.

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El Wall-Hola en el Parque de las Hormigas de Alcobendas