La experiencia es la madre de la ciencia

Diseñar desde la experiencia y el conocimiento es esencial. Para diseñar espacio publico hay que pensar en quiénes lo utilizan y cómo lo utilizan, acercarse a ellos, detectar sus necesidades y los problemas con que se encuentran a diario. Nos imaginamos que es imposible experimentar la angustia o el miedo y a veces la impotencia que puede sentir una persona en casos de ceguera o en otros casos de discapacidad, ante situaciones constantes a las que han de enfrentarse diariamente por defectos en el diseño de nuestras calles. Pasear en la silla de ruedas o con el bastón y el antifaz ha sido una experiencia absolutamente reveladora a la que todos deberíamos acercarnos en alguna ocasión para entender como el uso del espacio público es un derecho para todos.

ATOLMI nos contaba como en todo momento aproximadamente un 40 % de la población padece algún tipo de discapacidad (temporal y permanente) y cómo lo que es bueno para una persona discapacitada, lo es para todos.

Porcentaje

También hacía hincapié en que el diseño universal integrado en el proceso es inclusivo y es bello. Al final actuar a posteriori es colocar parches.

Con la ONCE entendíamos la importancia que tienen las texturas en los pavimentos y  cómo el rigor en el diseño es determinante para minimizar los riesgos de una persona con ceguera.

No queríamos dejar de comentar la experiencia que pudimos compartir esta semana pasada con los alumnos de arquitectura de la UMA enfocada a conocer las necesidades de los usuarios con alguna discapacidad y tomar conciencia sobre la enorme responsabilidad que tenemos los técnicos a la hora de diseñar el espacio público.

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